Crónica de Trinidad Andrés
Este Goulash húngaro comienza con una declaración
contundente que va a impregnarnos desde el principio con el fuerte aroma de
toda la historia que se nos cuenta, la autora se confiesa asesina de su
asistenta, Emerenc Szeredas, que va a ser la proteína e ingrediente fundamental
de este plato - novela.
Y así a fuego lento, tal y como se cocina esta
sopa espesa de ternera, mucha cebolla pochada en manteca, pimentón, comino y
patatas, se va a cocer la narración de Magda Szabó.
Emerenc es una fuerza de la naturaleza que
sobrevive a todo y a todos, que muestra y se oculta, que mezcla crueldad y
bondad, que entiende de cuidados y de guisos, que ignora y desprecia a propósito
a quien le da la gana, sin afectación, sin pedir ni permiso ni perdón.
Dicen que los guardias de las SS golpeaban menos
a los presos y presas que en los campos de concentración no tenían miedo y
mantenían su dignidad.
En esta novela Emerenc es la dignidad y la escritora
es el miedo. La trama de la narración pone encima de la mesa los múltiples
ingredientes de esta relación. El resto de los protagonistas, marido y amigas,
son el coro griego, sirven de puente entre los lectores y los personajes arraigando
a estos últimos en un espacio y un tiempo.
Lo contundente de este guiso de comadrona está por
un lado en cada una de las mujeres protagonistas que se entrelazan en una
amalgama de sentimientos que podríamos llamar amistad, pero no, que podríamos
llamar amor, pero tampoco y que es afectuosa solo a veces y solo a ratos y por
otro lado en el caldo especiado con el sabor de sus casas que espesa poco a
poco a base de tiempo sin necesidad de harina ninguna.
La casa de Emerenc es como ella, se muestra solo
en parte, tiene puertas cerradas, rincones ocultos, polvo de tiempo, dolor y
nostalgia. La casa de la narradora no tiene secretos para Emerenc, no tiene
polvo, no tiene tiempo, solo la presencia de Viola, el perro con nombre de
ternera, pone una nota entrañable en un espacio que recorremos una y otra vez
sin consecuencias. En cambio, cada vez que la acción se traslada a la casa de
Emerenc algo estalla, se abre un misterio y sentimos que como gatos silenciosos
se extienden otros tiempos, otras vidas.
Lo extraordinario se encuentra tras las puertas
de esa casa y tras la puerta del alma de Emerenc que da acceso una fuerza que sus vecinos perciben como algo
legendario, en cambio la narradora más culta, más importante, más
reconocida…..más todo, mira y mira pero no ve, porque cada vez que mira solo se
percibe a sí misma mirando, no es capaz de salir de su ego, está ciega y no es
capaz de ver el código con el que podría abrir la puerta de Emerenc, a veces
está a punto de conseguirlo pero su yo de narradora omnisciente se lo impide. No
es capaz de desprenderse de sí misma de lo que ella piensa, opina, es, quiere
ser la salvadora de Emerenc y condena a Emerenc en cada ocasión, se siente la
víctima de Emerenc y es la que con su ceguera mata a Emerenc.
Es sumamente interesante esta autoconciencia
final de la narradora, porque todos somos ella alguna vez y no somos capaces de
ver a pesar de estar mirando todo el tiempo porque las gafas de nuestros
prejuicios, identidades, relatos nos impiden acceder al mundo de los otros.
En un mundo donde el onanismo mental y perceptivo
es la norma resulta muy vivificante la autocrítica a la que se somete y nos
somete Magda Szabó, a pesar de lo contundente del Goulash es, como esta novela,
un sabroso plato de invierno.