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lunes, 6 de abril de 2026

CRÓNICA DE LA PUERTA

 

Crónica de Trinidad Andrés

Este Goulash húngaro comienza con una declaración contundente que va a impregnarnos desde el principio con el fuerte aroma de toda la historia que se nos cuenta, la autora se confiesa asesina de su asistenta, Emerenc Szeredas, que va a ser la proteína e ingrediente fundamental de este plato - novela.

Y así a fuego lento, tal y como se cocina esta sopa espesa de ternera, mucha cebolla pochada en manteca, pimentón, comino y patatas, se va a cocer la narración de Magda Szabó.

Emerenc es una fuerza de la naturaleza que sobrevive a todo y a todos, que muestra y se oculta, que mezcla crueldad y bondad, que entiende de cuidados y de guisos, que ignora y desprecia a propósito a quien le da la gana, sin afectación, sin pedir ni permiso ni perdón.

Dicen que los guardias de las SS golpeaban menos a los presos y presas que en los campos de concentración no tenían miedo y mantenían su dignidad.

En esta novela Emerenc es la dignidad y la escritora es el miedo. La trama de la narración pone encima de la mesa los múltiples ingredientes de esta relación. El resto de los protagonistas, marido y amigas, son el coro griego, sirven de puente entre los lectores y los personajes arraigando a estos últimos en un espacio y un tiempo.

Lo contundente de este guiso de comadrona está por un lado en cada una de las mujeres protagonistas que se entrelazan en una amalgama de sentimientos que podríamos llamar amistad, pero no, que podríamos llamar amor, pero tampoco y que es afectuosa solo a veces y solo a ratos y por otro lado en el caldo especiado con el sabor de sus casas que espesa poco a poco a base de tiempo sin necesidad de harina ninguna.

La casa de Emerenc es como ella, se muestra solo en parte, tiene puertas cerradas, rincones ocultos, polvo de tiempo, dolor y nostalgia. La casa de la narradora no tiene secretos para Emerenc, no tiene polvo, no tiene tiempo, solo la presencia de Viola, el perro con nombre de ternera, pone una nota entrañable en un espacio que recorremos una y otra vez sin consecuencias. En cambio, cada vez que la acción se traslada a la casa de Emerenc algo estalla, se abre un misterio y sentimos que como gatos silenciosos se extienden otros tiempos, otras vidas.

Lo extraordinario se encuentra tras las puertas de esa casa y tras la puerta del alma de Emerenc que da acceso una  fuerza que sus vecinos perciben como algo legendario, en cambio la narradora más culta, más importante, más reconocida…..más todo, mira y mira pero no ve, porque cada vez que mira solo se percibe a sí misma mirando, no es capaz de salir de su ego, está ciega y no es capaz de ver el código con el que podría abrir la puerta de Emerenc, a veces está a punto de conseguirlo pero su yo de narradora omnisciente se lo impide. No es capaz de desprenderse de sí misma de lo que ella piensa, opina, es, quiere ser la salvadora de Emerenc y condena a Emerenc en cada ocasión, se siente la víctima de Emerenc y es la que con su ceguera mata a Emerenc.

Es sumamente interesante esta autoconciencia final de la narradora, porque todos somos ella alguna vez y no somos capaces de ver a pesar de estar mirando todo el tiempo porque las gafas de nuestros prejuicios, identidades, relatos nos impiden acceder al mundo de los otros.

En un mundo donde el onanismo mental y perceptivo es la norma resulta muy vivificante la autocrítica a la que se somete y nos somete Magda Szabó, a pesar de lo contundente del Goulash es, como esta novela, un sabroso plato de invierno.

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