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martes, 24 de febrero de 2026

CRÓNICA DE TIERRA SONÁMBULA

 Crónica de Lorenzo

 Se suelen valorar los prodigios de un deportista ejecutando maravillas con un cuerpo entrenado y capaz de hacer imposibles, mientras cuesta más deslumbrarse por las excelencias que puede hacer un artista en su disciplina. En este caso, me quito el sombrero ante Mia Couto: el despliegue de talento en Tierra Sonámbula es desbordante: A Tuhair se le nubean los recuerdos, los personajes en este libro no se mueren, sino que se infinitan, el fuego lucierneguea y algunos vehemienten, que por supuesto no es cualquier manera de mentir.

 Libro duro de leer, todos lo hemos mencionado, incluso el traductor nos anticipa el esfuerzo a realizar, bien lo sabe él, que ha tenido que trabajar con un libro lleno de africanismos. Mia Couto es africano, aunque su tez blanca nos confunda, y es, por descontado, un magnífico cronista de su tierra sonámbula. No comentamos en la tertulia nada sobre el título, aunque concluimos unánimemente que el texto desborda nostalgia de una época colonial más estable, que no más prospera. Todo está implícito en el título: Tierra Sonámbula, como “ballena varada que sofoagoniza donde todos van robando trozos de carne”.

 El libro juega con dos planos trenzados con gran maestría, la realidad dura de Muidinga y Tuahir, niño y anciano, inservibles para la guerra, refugiados que sobreviven entre cadáveres y miseria, evadiéndose de su realidad con los libros de Kindzu. Muidinga, como el lazarillo de Mozambique, siendo los ojos de Tuahir en esas lecturas fantásticas, llenas de prodigios, magia y cosas imposibles, liberadoras de su triste vivir, hasta que, por obra y gracia de Mia Couto, se cruzan finalmente lo vivido y lo narrado, lo oral y lo escrito, lo real y la ficción. Los dos planos terminan confluyendo y siendo lo mismo. Porque en África no se puede diferenciar la vida de los relatos.

 En este libro, el autor, nos despliega todos los personajes de su país: Los inservibles para la guerra: “mujeres, niños, ancianos y discapacitados sufren porque no tienen función de matar”. Muidinga, Tuahir y Farida como la mujer repudiada que pierde a su hijo son los exponentes de esta categoría; el colonizador Romao Pinto, en forma de fantasma, ¡qué buen personaje para identificar la metrópoli que fue expulsada, pero que sigue allí presente, en forma de espíritu que sigue influenciando!; Estevao como el nuevo líder, ganador del cambio, y que sigue con las prácticas abusivas sobre los dominados; Assane como el perdedor del cambio; Kindzu como el nuevo africano, que abandona la tradición de velar a su padre muerto y está intentando encontrar su lugar; Surendra, el indio que sufre la discriminación y el racismo; Carolinda, como mujer solidaria que, en contra de Estevao, reparte los víveres en el campo de refugiados; Quintino como el negro borracho que sigue temeroso de Romao Pinto, es decir, del pasado,…

 Este libro rezuma ambiente africano, muy lejano de nuestra cultura y muy contrario a nuestro espíritu racionalista, y posiblemente una de las causas de la pobreza de muchos países y de la situación particular de las mujeres en el continente: Tenemos al insidioso espíritu del padre de Kindzu, hay sabios, curanderos, hechiceros, adivinos, mujeres ahuyentando plagas de langostas hasta que Muidinga las estorba con su presencia y se gana su merecido. Hay mucha querencia por las historias, por la oralidad y mucho respeto por los ancianos como fuente de sabiduría.

El libro podía haber caído en el tremendismo de la guerra, pero, aunque es una presencia ineludible, como “un desfile de infinito luto”, no nos deja tocados, nos permite seguir leyendo. “La guerra existe para autorizar el robo. En la guerra ninguna riqueza puede nacer del trabajo, solo el saqueo da acceso a la propiedad. Era necesario que hubiese muerte para que las leyes fueran olvidadas. Ahora que el desorden era total, todo estaba autorizado.”

Su realismo al describir la política es brutal y ciertamente demoledor, lleno de desesperanza: “La gente discursea en las banjas, pero quienes decidimos aquí somos nosotros”, “Nadie vive de moral o ¿Es qué la coherencia te va a alimentar en el futuro?”, “La fiesta es la tristeza haciendo el pino”, “Hijo mío no te metas a cambiar los destinos” o “La población no se comporta civilmente en presencia del hambre”. Pero, este libro, tiene un equilibrio grandioso a la hora de dar esperanza y creer en el ser humano: “En el fondo todos deseamos en nuestro pecho el nudo de otro pecho”, “Quien no tiene amigos es porque viaja sin equipajes” o mi frase favorita, cuando Surendra, habiendo anunciado a Kindzu que se marchaba por el racismo sufrido, le dice: “Me gustan los hombres que no tienen razas. Es por eso que me gustas tú, Kindzu”.

 Posiblemente, el libro es como la vida misma, con sus luces y sus sombras, con lo mejor y lo peor del ser humano. Por eso, quedémonos con la poesía de Mia Couto: “Mi alma es un río detenido, ningún viento lunaba la vela de mis sueños”, “solo las olas se sucedían, en cada ola el mar desnudándose sin llegar nunca a la desnudez”, “Recuerdo la luna exhibiéndose como medalla en el escote de la noche”, “el dolor es una ventana donde la muerte nos espía”, “el fuego es un exclusivo dueño, el exuberante macho”, “Hay dos maneras de partir: una irse, otra enloquecer”.

domingo, 22 de febrero de 2026

La puerta, de Magda Szabó


 

CRÓNICA DE COMERÁS FLORES

 Crónica de Laura Lamata

Comerás flores es la primera novela de la joven escritora Lucía Solla Sobral. Ha sido un éxito de crítica y de ventas en nuestro país. Los componentes de nuestra tertulia han tenido opiniones diversas sobre ella.

La lectura es fácil y te sumerge en la asfixia de un maltrato psicológico. Jaime es un hombre de éxito que enamora a la joven Marina rápidamente. Esta se deja envolver por sus halagos y su protección. Él encandila a casi todo el entorno de la joven. Poco a poco ella comprobará que Jaime no es lo que parece y que la vida que lleva con él no es lo que buscaba.

La soledad de Marina nos la deja ver la autora en el inicio de algunos capítulos a través de un listado de personas. Al principio es amplio, aunque le falta su padre:

Tengo: una perra, una amiga, una madre, dos hermanos y un padre muerto.

Según avanza veremos cómo mengua, porque el aislamiento de Jaime está siendo efectivo.

Dos personajes femeninos, además de la protagonista, merecieron comentarios en nuestra tertulia: su amiga Diana y la hija de Jaime, Jimena. La primera es el ancla al que se asirá Marina para salir del espanto en el que vive. La segunda, en cambio, convive con el maltratador y sufre por ello.

Llamó la atención que el entorno familiar más próximo no viera lo que le estaba pasando a Marina. ¿Es posible que una madre no vea quién es la pareja de su hija? ¿Puede esta ser vegana y comer carne para complacer al maltratador? Es posible que algunas cosas no nos parezcan creíbles, pero la autora ha afirmado que se ha documentado con mujeres que han pasado por situaciones similares.

La obra refleja claramente el modus operandi de los maltratadores, por ello comentamos que sería importante que jóvenes adolescentes lo lean; quizá así puedan estar alertas ante señales evidentes de las relaciones tóxicas. ¿Te quiere quien conduce a gran velocidad y no para, aunque se lo pidas? ¿Te ama el que te condena al silencio porque no has obrado como él deseaba? ¿Te cuida quien no te deja relacionarte con otros ni avanzar en tu carrera laboral?

Algunos comentaron que el éxito pudiera estar siendo excesivo para la calidad de la novela. No obstante, la lectura fue interesante y provocó una tertulia, como siempre, enriquecedora.