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miércoles, 17 de junio de 2026

CRÓNICA DE PÁJAROS EN LA BOCA

Crónica de Rosa Mª Muñoz

 

Samantha Schweblin (1978) es una escritora argentina muchas veces premiada, traducida a 40 lenguas y presentada como una de las voces más singulares de la literatura latinoamericana contemporánea. En España empezamos a oír hablar de ella este 2026 cuando consiguió el premio de narrativa AENA que se otorgó este año por primera vez, muy comentado fundamentalmente por su generosa dotación económica (un millón de euros).

 La autora vive en Berlín desde 2012 donde dirige varios talleres de escritura. Aunque en su obra encontramos dos novelas, la mayoría de su producción está dedicada a los cuentos.

Pájaros en la boca es una colección de 22 relatos que a las cinco asistentes a la tertulia nos ha dejado un extraño y poco grato sabor. Hemos coincidido en que tiene oficio, un arte que en su caso está orientado a producir mecanismos que buscan una precisión de relojería a través de un esquema que parte de una situación cotidiana, introduce un elemento discordante, busca una escalada de la tensión y suele terminar con un final ambiguo. La fórmula admite variaciones, aunque así queda descrita con bastante aproximación. Los temas son diversos: la dificultad de las relaciones padres/hijos, el mundo subterráneo, la violencia contra las mujeres y la violencia en general en Matar un perro y Cabezas contra el asfalto. Entre los relatos que más nos han impresionado están Conservas que describe cómo se revierte un embarazo porque todavía no es el momento idóneo para los padres   con un procedimiento que permite desandar los pasos hasta vomitar la semilla de “Teresita” que se podrá conservar para usar en el momento adecuado. Papá Noel duerme en casa es uno de los pocos junto a Mi hermano Walter que respiran cierto humor o ironía en la descripción de las relaciones humanas. Es llamativo también Mujeres desesperadas que describe el extraño lugar donde las mujeres recién casadas son abandonadas por sus maridos que salen corriendo  cuando ellas  hacen una parada para ir al baño y al que los  hombres sólo volverán cuando uno caiga en una trampa y  quede abandonado allí.

El cuento que da título al volumen, Pájaros en la boca, relata la difícil posición de un padre separado que tiene que ocuparse un tiempo de su hija adolescente que además de ser   algo extraña, solo se alimenta de pájaros vivos. El desgarrador “Papá, ¿tú me quieres?” con el que increpa al padre que no es capaz de suministrarle su alimento permite hacerse una idea   del tono del relato. Hay que mencionar también La pesada valija de Benavides en que la violencia contra una mujer asesinada por su marido y metida en una maleta se convierte en una aclamada obra de arte gracias a la intermediación del psiquiatra con un osado galerista.

 Hemos comentado también destellos que aparecen en algunos cuentos: la juguetería ordenada según colores en La medida de las cosas, el hombre sirena en el relato del mismo título, la ambigüedad de las mariposas en el relato que también se llama así. Ahora bien, lo que ha predominado en todas nosotras es la sensación de desagrado, las pocas ganas de seguir leyendo, la falta de implicación emocional con ninguno de los personajes. Y no solo porque haya violencia o situaciones difíciles en los temas tratados, sino sobre todo por el estilo y la voz con la que se nos cuentan: esa precisión quirúrgica casi de acero que muchos alaban en la autora pero que a nosotras nos ha provocado rechazo y falta de interés. No hemos encontrado en los cuentos una unidad o parecidos de familia que construyan o indaguen sobre una concepción del mundo más allá de la búsqueda de atmósferas opresivas y la descripción del extrañamiento cotidiano. Trini ha planteado la hipótesis de que este tipo de literatura tan aclamada en el momento actual pueda ser la adecuada al momento de colapso que vivimos. No hay propuesta ni mensaje, por mucho que el final de los relatos sea ambiguo e interpretable.

 Decía Orwell que todo arte tiene un propósito político porque el autor desea empujar al mundo en cierta dirección, alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad en la que viven. En el caso de Schweblin más bien parece que se nos quiere desvelar que el mundo es un lugar no sólo extraño y ajeno sino también árido, yermo y sin esperanza, cuya descripción exacta tiene que evitar cualquier recurso a una conexión emocional en la que podamos reconocernos.

 

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