Crónica de Laura Lamata
La
primera novela del joven escritor catalán Pol Guasch es, sin duda,
sorprendente. Exige del lector una atención considerable, ya que rompe la línea
temporal en cada escena. Obliga, por tanto, a ir completando las historias y
organizando el momento en el que se desarrollan. Este recurso no fue apreciado
por igual por los miembros de la tertulia; algunos valoraron su maestría y
otros lo consideraron artificioso.
Todos
destacamos la escritura poética que magníficamente maneja el novelista. Es
hermoso detenerse en sus oraciones y disfrutar de su construcción.
Coincidimos
en que la temática es poco luminosa y bastante dura. Pol Guasch nos lleva a un
lugar devastado, donde es difícil sobrevivir. El protagonista sufre con la
muerte de varios miembros de su familia y él mismo también se comporta de forma
violenta. La descripción de algunos momentos de la novela es especialmente
áspera (por ejemplo, el final del abuelo o del compañero de la madre del
protagonista).
Nos
intriga la relación de la comunidad con las lenguas: unas están permitidas y
otras prohibidas. Algunos personajes deben olvidar la lengua materna con la que
crecieron y deben adoptar la que se impone. Pero no se nos explica por
qué.
Además
de las relaciones intrafamiliares, hay que destacar la relación del
protagonista con su amado Boris. No parece que sea la más deseable. También
aquí sufre el personaje principal. No hay para él apenas espacio para el
disfrute.
Después
de la lectura de esta novela se quedan muchas incógnitas sin resolver. Quizá
sea la intención del autor, pero el lector se interroga y no obtiene todas las
respuestas. ¿Todo lo que se cuenta es real o está en la imaginación del
protagonista?
Napalm en el corazón es una novela sobre
las relaciones humanas que toca también otros temas como la esclavitud laboral
o la no aceptación de la homosexualidad. Su lectura difícilmente dejará
indiferente.
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